lunes 24 de agosto de 2009

Preferiría empezar con una introducción de lo que va a suceder en adelante o abajo siguiendo el texto pero la verdad es que todavía está en blanco entonces cualquier comentario al respecto puede ser inútil. Y lo es.
Esta historia comenzó una tarde soleada, la gente paseaba en remera y trabajaba en remera y dormía en remera y misteriosamente todos usaban remeras. En un cuarto oscuro y mugriento un chico no encontraba la perilla de la luz y se le caían las estanterías con objetos que en la oscuridad no se distinguen. El chico por alguna razón no llevaba ropa y por otra razón no sabía qué hacía ahí metido. Yo quizás lo sepa y lo cuente, pero vayamos despacio. ¿Sí? Muy bien.
En otro rincón de la ciudad un taxi se adelantaba a un colectivo de la línea 106 y arrollaba a una señora con bolsas de hacer los mandados…
El chico ya está afuera, a la luz de la vereda. Estuvo varias horas metido ahí adentro.
En un camino de tierra, unas cuadras más adelante, siguiendo el rumbo de la calle donde se encontraba el chico aquél que había salido luego de estar varias horas metido dentro, no pasaba nada interesante, entonces volvemos atrás siempre sobre la misma calle, al asfalto, donde una habitación vacía relame los pasos de aquél chico que luego de encerrarse decidió escapar por otra calle de la que veníamos guiándonos. Entonces, podría terminar aquí, con un plano arbolado hacia la esquina. Pero ahí lo vemos al chico, el mismo que estuvo encerrado largas horas en aquella casa desenfocada, vuelve con el bolsillo ligero y algo en su mano.
- ¿Fuiste al kiosco?
El chico se mete a la casa y por alguna razón cierra con llave la reja de entrada. Nos quedamos afuera silenciando su aislamiento prematuro. Oímos un grito calle abajo y deprisa nos dirigimos al camino de tierra. Llegamos y vemos que nada interesante sucede. Volvemos sobre nuestros pasos, un poco más cansados y observamos la casa donde el chico entró hace algunos minutos. No sabemos si volvió a salir pero esperamos algún movimiento. Cae la noche y nos mantenemos atentos junto a la casa.
En frente una luz de hornalla ilumina la cara de una señora que nos espía. Se pregunta qué hacemos a estas horas simplemente parados en la vereda de la casa donde el chico entró hace unas horas a aquella habitación que lo retuvo durante todo el día. Nosotros no nos preguntamos eso. Es la trama de esta historia, al igual que la señora que se sirve el té y cierra el gas con llave . Pasa un auto con destino a Mar del Plata. La señora enciende la hornalla nuevamente. Vuelve el auto con destino a Mar del Plata, habían olvidado un bolso. La señora le pone un saquito a la taza que se enfría y saborea el mate cocido como quien saborea volver atrás en busca de un bolso. El auto llega a Mar del plata cuando la señora termina el mate cocido y es difícil adivinar quién se equivocó. Por un lado sale el sol. Podría decirles que un remis espera la salida de un hombre que observa cómo la señora del mate cocido nos vigila a la sombra del auto marplatense que desde el lado por donde sale el sol nos da sombra al resto de los que madrugamos para continuar viaje. Juraría que estamos en Mar del Plata y que el saquito del mate cocido estaba comido por polillas.
El chico aparece cuando mi compañero cierra los ojos. Tiene un mensaje escrito en un cartel que deja caer en nuestros zapatos. La señora se pone el traje de baño y desaparece. El remis hace luces que se pierden en la luz del sol que atraviesa el auto salido de Mar del Plata con destino a Mar del Plata, que llegó en lo que una señora que espía tarda en tomarse un mate cocido frío. Mi compañero abre los ojos y busca el cartel, pero sólo encuentra aquello que la señora con la taza vacía no logra observar por encandilarse con los reflejos que golpean las chapas de los autos con rumbo a Mar del Plata que ahora atascan la calle por la que caminamos durante todo el día en busca del chico encerrado en una habitación repleta de objetos que en la oscuridad no se dejan ver.

2 comentarios:

Triana Leborans dijo...

genial este, y el anterior y el anterior del anterior del interior

Gabriela Demichelis dijo...

mate cocido es la escuela primaria